Espero que el post de mi amigo ivangrana no haya molestado a nadie. A veces se le olvida tomar su medicación. Tranqui ivangra, que ya te saco yo las castañas del fuego.
Ivangra es esquizofrénico y está orgulloso de ello. No en vano, su enfermedad le ha granjeado no pocos buenos amigos, como yo, y una pensión por invalidez. En realidad, su verdadero nombre es Ignatius J. R. y es de San Claudio. Le quedó el mote de ivangra porque cree que esa es la forma correcta de escribir el nombre del medicamento que necesita tomar para mantener una vida sexual plena (mira que te tenemos dicho que es viagra, Ignatius, VI-A-GRA)
Lo más cerca que ivangra ha estado de Granada, tierra de hombres, ha sido Mieres, localidad en la que pronto encontró afinidad con otro de nuestros simpáticos amigos del foro: el inefable C.B. Ambos sienten pasión por la filosofía clásica y el humanismo en general. También comparten afición por los viejos cupones de lotería enrollados que usan para dar buena cuenta de lo que ellos llaman sierra nevada. Merced a este simpático hobby, nuestros protagonistas de hoy son capaces de deslizarse hasta por el tejado de su casa. Os aseguro que es cierto y, aunque Ignatius es un poco miedoso y siempre se queda agarrado a la veleta, al final consigue caer sin romperse ningún hueso y con menos lesiones cerebrales que las necesarias para no perder la capacidad motriz. Todo un logro.
En lo que sería un auténtico récord de aproximación a Granada, tierra de hombres, ivangra tiene pensado desplazarse hasta San Isidro para aprender a esquiar. Sí amigos, ivangra quiere ser palillero. Es lo que más ansía en el fondo de su corazón. Esquiar sería la verdadera confirmación de su anhelo más arraigado y, en un gesto de inigualable generosidad, cuatro de los celadores del centro médico en el que le están tratando su enfermedad (me refiero a la esquizofrenia, para la otra ya tiene la VI-A-GRA, Ignatius, VI-A-GRA) le van a acompañar en su hazaña.
Otra de las características de nuestro amigo es su profunda fe evangélica. Ignatius sólo se relaciona con auténticos creyentes y gente de Dios. Por eso, en todos su viajes (y con este ya serían 2) busca nuevos amigos que compartan su alegre sentir religioso. Así fue como conoció a C.B., en misa.
En efecto, sus amigos van a dar que hablar, pero sería muy cruel por parte de todos los foreros que lo hicierais. No está bien hablar, cuchichear o reírse de la gente cuando tiene taras mentales. Ignatius suele ir acompañado de Chundy, Panfli, Gordi, El Rata y Maruja. Este último lleva años queriendo hacerse un cambio de sexo pero de momento sólo ha conseguido cambiarse el nombre. Antes se llamaba Agustín. El Rata mide 1’20 y ha conseguido afeitarse las pelotas sin usar espuma de afeitar. Es lo más parecido a un mandril que jamás ha pisado la faz de la tierra. Gordi sólo se alimenta de cebada y necesita defecar 15 veces al día. Tiene un quiste en el cerebro que le anula el sentido del olfato, lo cual es extremadamente afortunado en su situación. Panfli es el intelectual del grupo. Los rumores dicen que ha llegado a pedir las cosas por favor hasta en tres ocasiones. Nunca a llegado a dar las gracias a nadie porque, en cuanto pronuncia la primera sílaba de la palabra, instintivamente encadena el sufijo –mo, saca un cupón de lotería, le cae la baba por la comisura de sus labios y una lágrima recorre su mejilla. Por último, pero no menos importante, Chundy es el guaperas de la panda. Las chicas os volveréis locas por él e incluso llegaréis a obviar su olor corporal. No es que se esté pudriendo, no. Chundy no se lava desde que instaló en su casa un monomando en la ducha. Sin embargo, todos los días se mete desnudo en la bañera para seguir dándole vueltas al grifo. Ya no pide ayuda a nadie porque cada vez que dice la palabra grifo, Panfly saca un cupón de lotería, le cae la baba por la comisura de sus labios y una lágrima recorre su mejilla.
Os ruego, amigos del foro, que deis la bienvenida a este impagable grupo de amigos porque, en el fondo, son buena gente y nos van a hacer pasar unos inolvidables ratos de risa. Y, sobre todo, no les riñáis cuando estén atrapados en medio de una pala haciendo la cuña. Son principiantes y tienen derecho a aprender