Bueno, tras mucho tiempo sin poner reportajes ni fotos ni nada, una pequeña crónica de lo que fue este sábado.
En primer lugar y resumiendo: el panorama es bastante desolador. De una semana para otra se ha ido muchísima nieve (dentro de la poquísima que ya había). Era previsible, por otra parte, con las lluvias de la semana pasada (es más, yo el sábado pasado marché de arriba dando por hecho que éste ya no íbamos a esquiar).
Por otra parte, la nieve, ya desde la primera bajada, presentaba una textura bastante asquerosilla y tremendamente húmeda. El resultado es que se deterioraba bajada a bajada. Lo peor de todo para mi gusto, la parte llana de Cebolledo, con una nieve muy pesada.
A cambio, se formaron unas bañeras prestosísimas en el Valle de los Caídos, y para las pocas veces que tenemos ocasión hoy día de catarlas en Sani, fue un aliciente para practicar técnica y aguantar esquiando hasta casi las tres de la tarde. De hecho, hubiéramos quedado hasta el final, pero ya habíamos quedado en ir a comer a Cuevas, donde rematamos la jornada con una farturona a base de huevos, picadillo y sidra.
Muy poca gente durante todo el día, aunque aumentó a partir de las diez y media con unos cuantos cursillos. A partir de las doce, más o menos, cuatro gatos y nada de colas.
Como anécdota, el helicóptero tuvo que aterrizar en la estación para llevarse a una chica a la que le había dado un infarto (por cierto, nuestros mejores deseos desde aquí y esperamos que no haya pasado de un susto) y rompió los cristales de un par de coches, entre ellos uno de los nuestros (por culpa de las piedras que salieron despedidas).
En resumen: que yo me lo pasé como los indios gracias a las bañeras, pero hay que reconocer que, aparte de eso, pocos días me encontré con una nieve tan mala como la del sábado.
Aquí os dejo unas fotos para que veáis cómo estaba la estación:
Y éstas ya son de la farturona en Cuevas:
María y Kako
Yo echando un culín
Kako y yo
Y, por último, cómo quedó el coche de Kako tras el percance con el helicóptero:
Para resumir el día, un pequeño vídeo que he hecho a partir de las fotos y de una grabación que me hizo Miguel, otro amigo, con la cámara de fotos, bajando baches por el Valle de los Caídos:
Muchas gracias acebal.... las bañeras estaban bien a primera hora, pero te garantizo (por lo menos par mi nivel y el de bastante gente tambien por lo que se vía) que ha partir de las 3 o 3.30 las bañares del valle de los caidos no estaban para saltarlas jejejejeje
Menos mal que dejé el coche un poco más abajo aparcada, porque si no vaya desilusión
Ya te contesté en el otro post: Muy chulo el vídeo y las fotos...
Pero estoy con Zwiky: ¿Pa saltarlas...? Si la mitad de las veces quedaba en mitá de la bañera...
Saludos,,,
Pero estoy con Zwiky: ¿Pa saltarlas...? Si la mitad de las veces quedaba en mitá de la bañera...
Hola, JavierR, y gracias por tus comentarios (y gracias a Zwiky también).
Ya te contesté también en el otro hilo, pero bueno, tened en cuenta, de todos modos, que no se trata de saltarlas, aunque a veces sí que no quede más remedio que volar un poco de una bañera a otra, más si son como éstas, que se forman como Dios les dio a entender, cada una de su padre y de su madre, y no tienen nada que ver con una pista de baches preparada.
La idea (que a mí tampoco me sale) es bajarlas con una posición alta, mirando varias bañeras más allá (no a la que tenemos justo debajo), los pies juntos (aunque no bloqueados) y tratando de poner planos los esquís y frenar contra la bañera con un ligero derrapaje, a la vez que absorbemos. Bueno, eso y, sobre todo... los brazos: muy adelantados y moviéndose continuamente: antes de clavar un bastón ya estamos adelantando el otro para la siguiente clavada.
Así al menos es como trato de bajarlas yo (los profesionales lo hacen mucho más a capón, en línea recta) y, como pasa con la nieve virgen, lo más importante es no bloquearse y pillar el ritmo: una vez que haces tres o cuatro seguidas es más fácil que te salga la bajada entera bastante bien.
No creo que empiece a dedicar ahora a andar saltando bañeras
Sí, home, sí, ¡qué va a ser tarde! ¡Oye!, que yo estuve catorce años sin esquiar, hasta que volví, el 23 de febrero de 2005, y no puedo esquiar más que veintipico o treinta días al año (sólo fines de semana).
Nada, nada, ye too ponese, que en esto no hay edades que valgan.