Rescato un escrito que tenía por ahí perdido de Abril del 2005, es un recuerdo para Candi y para todos sus amigos, espero que os guste.
Abril del 2005.
Hoy mientras daba la ultima curva del embalse, tuve la brillante idea de parar mi coche y mirar hacía atrás. El retrovisor no me basto, tuve que hacerlo y asegurarme que aquello que dejo todos los domingos a mis espaldas ¡no, es! sino, un espejismo.
Volvía con mi pequeña de regreso a casa, ella tapada con una manta apoyaba su cabecita en la ventanilla, abatida por otra jornada de esfuerzos, ¡allá arriba!, en la falda del Toneo. A veces he pensado que todos mis antepasados provenientes del valle de al lado, pululan en invierno por aquí arriba y quieren despedirse de nosotros regalándonos estos últimos días de nieve primaveral junto con esos toques de retina del Susarón helado y la belleza indescriptible de todo el valle del Porma.
Hoy el ocaso daba a la tarde un increíble aspecto rojizo, era el fin de esta temporada, en la radio Dylan con su Dignity volvía a sacarme de la realidad y nuevamente me hizo flotar por las laderas del lago ausente.
El momento era propicio para una invasión de Madame nostalgia que esta vez se apareció con la forma de mi buena amiga Candi y su dura batalla, el sol ya casi detrás de la montaña, dibuja su bonita silueta en el pantano, no quiere irse, su imagen todavía me acompañara durante muchos kilómetros.
Me imagino que cualquier día de estos pasará por aquí, por donde yo voy ahora, a ponerse otra sesión de malditos compuestos químicos, y las montañas y duendes del pantano, volverán a vigilar sus pasos como tantas veces, sabedores del mal que la acecha.
Quizás cada urz y cada espino en la carretera, ya conocen de mi paso, seguro que ella les habrá avisado para que nos protegen a mí pequeña y a mí de los contratiempos de esa carretera helada, quizás por mandato de la reina del Porma y de tantas y tantas otras que pasan y han soportado estoicamente el duro avatar al que les somete su dura enfermedad.
He visto las últimas yeguas de una gran manada cruzar el camino del pinar, iban en fila india con su rubia melena adornando los praos donde reposa el gran vellocino de oro que escondió el último guerrero de estas montañas. Me ha dado la sensación de un buen presagio, la que dirigía la manada nos despidió agitando su cabeza y dando un relincho que despertó a mi hija, quería citarnos nuevamente para la próxima temporada.
Ahora, ya casi a un mes de la última nevada, espero la próxima con gran avidez, eso significara, el paso del verano y la confirmación de la efectividad del fuerte tratamiento al que mi amiga se ha sometido. Eso hará que yo vuelva a contemplar su sonrisa reflejada en su cara mezclándose a lo lejos con el manto de nieve de sus cumbres.
Aunque en mi interior sé de sobra, que la mejor medicina fue el cariño que tuvo de todos sus amigos que tanto la animaron a resistir su lucha.
Con todo mi cariño a la reina del Porma que se recupera en Puebla de Lillo de lo que fue un mal sueño.
¡Que fatalida!, que este último párrafo no se haya cumplido y que mis ojos se humedezcan cada vez que paso por Lillo.