Leyendo hoy la Nueva España, me encontré este artículo. Creo que resume muy bien el sentir que aquí tenemos…
Schumacher
No tenía aún un solo Campeonato del Mundo. Sí había cambiado ya nuestras vidas, nuestras costumbres en el almuerzo de los domingos, nuestra atención y nuestros gustos. Pero Fernando Alonso no había ganado nada. Michael Schumacher, por el contrario, ya lo había hecho todo: siete mundiales, 91 carreras ganadas. Y, sin embargo, el «Príncipe de Asturias» 2005 se lo llevó Alonso. Lo habitual es que las condecoraciones aparezcan a título póstumo, demasiado tarde. Con Alonso ocurrió lo contrario. Se lo asignaron a título pronóstico, demasiado pronto. Dos años más tarde, Schumacher no ha hecho nada nuevo. Su trayectoria es la misma, las reverencias que merece son iguales. Alonso, en cambio, ya tiene dos campeonatos mundiales en el bolsillo, un palmarés del que presumir. Pues es ahora, no se sabe en función de qué criterio, cuando el galardón se lo conceden al alemán. Son estos despropósitos, estos sinsentidos, los que arruinan el prestigio de un premio que aspira a pasar por grande. Mientras no decida exactamente lo que es y lo que quiere, el «Príncipe de Asturias» no será reconocido. Ni respetado.