Es difícil intentar recordar a toda la gente a la que tengo que agradecer que pueda estar ahora escribiendo esta nota pero desde luego lo hago sabiendo de antemano que no me han dado un premio sino algo mucho mas importante, la vida.
Así que como en las películas y por orden de aparición los primeros deben ser mis compañeros Cesar (virtu) y Ricardo (este no postea). Cuando el maldito argayo se detuvo bajaron a por mi o lo que quedara aún a riesgo de ser alcanzados por un nuevo desprendimiento que con seguridad les hubiera pillado de lleno. Tardaron 20 minutos en encontrar mi cabeza y comprobar que aún respiraba aunque estaba dormido, se quitaron sus prendas en medio de la nevada y me las pusieron encima, además de organizar mi rescate desde un teléfono móvil en coordinación con una becaria de l 12 que por lo que me cuentan debía saber hacer de todo menos escuchar y tomar nota. En segundo lugar mi agradecimiento a la Guarda Civil, en particular al GREIM de Sabero y la comandancia de la Virgen del Camino de León desde donde se organizo mi rescate, su profesionalidad y trato humano estuvieron muy por encima de la mejor expectativa. Tambien quiero agradecer al pueblo de Robledo de Luna que como un ejercito silencioso subió al monte provisto de palas y de perros con el fin de ayudar en lo que se pudiera, y por supuesto al SACYL que desde el momento en que me subieron al helicóptero hasta hoy que me han dado el alta no han hecho sino demostrar lo afortunados que somos en este país por contar con un servicio sanitario público que por lo que a mi respecta no ha podido funcionar mejor.
Sobre como ocurrió todo os diré que como cualquier accidente es la suma de una serie de factores, azarosos unos y humanos otros. No bajamos por donde habíamos subido, no analizamos el estado de la nieve ni intuimos la potencialidad de peligro que había pese a que los espesores de nieve no eran ni mucho menos los de San isidro.
Lo que recuerdo con mas estupor es el ruido de la rotura de la placa, grave, sordo y con olor a tragedia, caí unos 300m por una pendiente de unos 30º envuelto en una ola blanca haciendo lo que podía por mantener la cabeza a flote. El arrastre no fue especialmente violento y llegue abajo consciente pero el ultimo rebufo del alud me tapo, luche lo que pude durante unos minutos pero era como si me hubieran echado yeso encima, aunque tenía aire, en esas me quedé dormido, supongo porque el frío baja las pulsaciones, y me desperté con los bofetones de Cesar.
Solo tengo una contusión en un muslo y una herida por quemadura, en tres semanas estaré dando guerra y me voy a permitir dar un consejo, leeros el solonieve de este mes donde además de un buen editorial sobre los riegos del freeride aparece una entrevista a un guia de alta montaña suizo especialista en aludes donde textualmente afirma:
“Los freerider, los nuevos esquiadores de montaña y en general los urbanitas recientemente incorporados a los deportes de montaña son las principales victimas potenciales de los aludes”, la entrevista no tiene pérdida.
Por último gracias a todos los que desde esta página me habéis apoyado y animado, me habéis estremecido con tanto mensaje, y prometo no volver a chupar cámara con temas de estos, mucho mejor liarse con una folclórica y salir en salsa rosa.
Gracias de verdad