OPINIÓN
Siete leguas
El paraíso
MARIO ANTUÑA
Cuando surgió la noticia sonaba a broma, a bulo, a bufonada, a serpiente de verano: había unos «chiflaos» que iban a invertir 50 millones de euros en construir 300 pisos y siete hoteles en las inmediaciones de San Isidro, en León. Meses después, un tanto atónitos, comprobamos que estaban en pie las primeras estructuras. Además, la Diputación de León reinvertirá las ganancias de la venta de terrenos en construir un campo de golf, piscinas y otros equipamientos para que San Isidro sea útil todo el año.
Éramos escépticos porque un proyecto de estas características, resuelto con tal rapidez, es impensable en Asturias. Aquí, habríamos empleado cinco años en discutir -con broncas y agrias polémicas- si eran galgos o podencos, si habría que hacerlo arriba o abajo, si era pertinente o no, para al final decidir que ya veríamos. Ahí está Fuentes de Invierno, en Aller, muy cerca de San Isidro, esperando ser una realidad mutilada.
Mientras tanto, León tendrá un complejo, quizá desorbitado, que recogerá la riqueza económica que dejen las miles de personas que irán tanto a San Isidro como a Fuentes de Invierno, donde la CUOTA ha prohibido cualquier construcción por la ley de la pureza medioambiental. Porque la realidad es que los esquiadores pasarán o quedarán en León para pernoctar, comer o cenar. ¿O usted bajaría desde Fuentes de Invierno a Felechosa, con nieve o sin ella, si tiene a 300 metros todos los servicios e instalaciones?
Sin un complejo similar o más reducido en Fuentes de Invierno, la nueva estación asturiana no será más que una ampliación gratuita, un mero apéndice, un simple anexo de San Isidro, que los asturianos les hayamos regalado a los vecinos leoneses, quienes se embolsarán los beneficios. Con tanto purismo ambiental, necesario aunque con una aplicación flexible -el mismo que impide hacer un parque acuático en Tanes-, corremos el riesgo de convertir Asturias en el mejor de los paraísos, pero desierto, sin asturianos. Y todavía habrá quien se pregunte por qué las Cuencas pierden población.
Fuente La Nueva España 9 enero 2005