El interrogante del crimen de Ripollet: ¿por qué tanta brutalidad entre amigos?
Hay un incremento del refuerzo masculino y discriminación por sexo entre menores | "El ensañamiento tras la primera agresión obedecería al intento de borrar esa escena"
Un crimen digno de estudio, que rompe límites. La extrema brutalidad empleada por el autor o autores de la muerte de la chica de 14 años de Ripollet, degollada, y las circunstancias que rodean ese homicidio convierten este caso en excepcional. Es la opinión de diferentes expertos en menores que, partiendo siempre de presunciones, buscan una explicación al uso de una violencia tan desproporcionada entre esos adolescentes, con una relación aparentemente amigable y un final sorprendente por su crueldad.
La realidad ha vuelto a superar, una vez más, todas las teorías sobre el comportamiento de los menores y el caso ya ha llegado hasta la misma universidad como tema de estudio. El crimen de la joven de Ripollet fue ayer objeto de debate en una de las clases a los futuros educadores sociales -cuya misión será detectar y corregir a tiempo estas reacciones violentas- de la Ramon Llull.
El profesor, Jaume Funes, psicólogo especialista en adolescentes y ex adjunto al Síndic de Greuges, planteó esta pregunta a sus alumnos: "¿Qué se esconde detrás de tanta crueldad?". La respuesta no es sencilla ni para los expertos.
Funes parte de varias premisas -siempre con la prudencia de la contención al no conocer con detalle los hechos- en su ánimo por resolver la cuestión. "En teoría hablamos de tres menores que mantienen una aparente relación amigable; los dos chicos van a ver a una amiga de clase poco antes de la medianoche sin esconderse de nadie. Y ella baja al parecer a la calle al cabo de unos minutos, lo que demuestra que no teme a esos compañeros", relata Funes.
Lo que pasó a partir de ese momento compete al ámbito policial, pero el origen de ese encuentro y sus consecuencias es lo que ahora estudiarán psicólogos y psiquiatras. El dato de una posible relación de amor o deseo entre la chica muerta y uno de los menores que fueron a buscarla a casa adquiere importancia a la hora de buscar el detonante de tanta brutalidad.
Funes se inclina por pensar -todo son hipótesis- que una causa de la reacción violenta de los menores podría estar en la frustración de uno de ellos al sentirse rechazado o engañado por la chica. "Lo más importante a estas edades es sentirse apreciado y querido. Puede pasar que se pierda la capacidad de encajar un rechazo delante de todo el grupo", añade Funes.
Cuesta de entender, pero Javier Urra, psicólogo forense de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, corrobora también esta hipótesis. "Yo he recogido testimonios en algunos de mis libros de reacciones muy violentas protagonizadas por chicos de tan sólo 14 años que no han encajado un rechazo amoroso", afirma Urra.
Hablar de violencia machista sería aventurado a una edad tan temprana, indican estos expertos, pero sí que cabría entender las reacciones de esos chicos como una violencia por cuestión de género. "Más allá de este caso concreto, hemos detectado un problema preocupante en las primeras relaciones entre adolescentes. La afirmación masculina impera en muchos casos y eso degenera en violencia cuando el sexo opuesto dice no", revela Funes.
Urra recuerda otro ejemplo de una chica de tan sólo 14 años que le explicó que su novio le cogió la cabeza y se la golpeó contra una pared cuando le manifestó su intención de dejar la relación.
Pero de ahí a torturar a la chica hasta causarle la muerte hay un gran trecho. Y eso es lo que pasó en Ripollet. Tanto Urra como Funes se preguntan qué intenciones tenían esos menores al ir a ver a la chica. El primero indica que el hecho de que uno de ellos llevara una navaja "podría interpretarse como una clara intención de causar daño e indica madurez". Pero lo que rompe esquemas, añaden ambos, es la brutalidad empleada por esos menores después de herir en el cuello con la navaja a la víctima.
Para Funes "ese ensañamiento inexplicable después de la primera agresión podría interpretarse como un signo desesperado por borrar esa escena y es un síntoma de la poca habilidad que se tiene a estas edades para gestionar un drama". Urra opina que la experiencia ha demostrado que esa brutalidad no es patrimonio de los adultos y los golpes hasta desfigurar la cara la chica "son asestados desde el odio", cuyo origen podría ser la no aceptación del rechazo.
Nora Rodríguez, pedagoga y autora de libros sobre violencia entre menores, no cree equivocarse cuando afirma que por los detalles que conoce del crimen de Ripollet todo apunta "a una agresión motivada por una cuestión de género". Rodríguez alerta de que entre los adolescentes crecen los casos de "sumisión femenina".
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