Cómo conseguir una plaza para minusválido en un centro comercial
Meterse en un centro comercial en un sábado por la tarde es una experiencia cuasi mística. Requiere la paciencia del que sabe que tardará en aparcar y la pericia del que sabe llegar a una plaza libre antes que los demás. Es uno de esos deportes de aventura que practico ocasionalmente, pero cuando me dedico a ello lo hago en cuerpo y alma. Tanto, que me resulta difícil dejar de lado las plazas reservadas para minusválidos, tan vacías, tan anchas y tan bien dispuestas cerquita del acceso al centro comercial.
Navegando por la red he conseguido averiguar cómo se puede disponer de total acceso a este tipo de plazas sin tener problemas con el servicio de seguridad del centro comercial. La cosa es la siguiente a partir de lo que cuenta el RACC:
1º.- El interesado deberá subir a un coche en calidad de acompañante (vulgo copiloto).
2º.- El interesado deberá abrocharse correctamente el cinturón.
3º.- Como el viaje será algo largo, el interesado se descalzará y levantará las piernas hasta dejar los pies descansando sobre el salpicadero, feliz de la vida.
4º.- En este punto, es imprescindible que el conductor colisione bien colisionado. Es fácil.
5º.- Los airbags se dispararán. El del interesado, al encontrar en su camino un obstáculo en forma de pies, reventará dentro de la guantera e impulsará las piernas del interesado hacia el parabrisas. Al no funcionar correctamente, el airbag no retendrá el cuerpo del interesado, movido hacia delante por la tremenda desaceleración que tendrá lugar.
Ya está. Con estos sencillos pasos la silla de ruedas está garantizada. De hecho, es más que probable que el interesado, además de quedarse sin caminar, acabe con el intestino, el bazo y/o el hígado hechos un asco por efecto de la banda abdominal del cinturón. Pero quien algo quiere algo le cuesta, así que no es cuestión de amilanarse por unos daños colaterales que quizá resulten mortales pero quizá no.
Perdona por el tono sarcástico de esta entrada, pero es que estoy cansado de encontrarme gente que parece aspirar a quedarse sentada para siempre. Conseguir una plaza reservada junto al acceso del centro comercial es más fácil de lo que parece. Yo, qué quieres que te diga, prefiero aparcar en la otra punta. Me gusta andar.