OVIEDO
Un infierno en casa por una «rebelde» de 15 años
Un joven matrimonio de Las Campas reclama ayuda para controlar a su «ingobernable» hija, que pega a su madre porque ésta le prohíbe salir hasta la madrugada con su pandilla
María Elena Castillo y su marido, José Antonio Arias Berdasco, no aguantan más. Desde hace tres años su hija de 15 se ha vuelto una «rebelde» a la que no pueden gobernar. La razón es que la niña quiere salir con sus amigos el fin de semana «y lo hace hasta la madrugada» y se lo prohibimos porque llega «fumada de porros y bebida». La falta de permiso de los padres ha tenido una réplica por parte de la adolescente. «Cuando le digo que hace mal me ha llegado incluso a pegar». Rabietas, enfados, «incluso ha roto una ventana y una puerta», convierten en un infierno la vida de esta familia, que tiene una niña más en casa (las dos son hijas de la madre). Reclaman ayuda y critican la permisividad que los niños viven en el colegio y en las calles.
María Elena Castillo Fernández y José Antonio Arias Berdasco son un joven matrimonio de Las Campas que tienen un auténtico infierno en casa. La hija de María Elena, de 15 años, «se ha vuelto rebelde». Incluso ha llegado a agredir a su madre por prohibirle salir los fines de semana «con chavales que fuman porros y beben», explica María Elena Castillo. La madre pide ayuda porque «ya no podemos con la niña porque sale sí o sí», y se lamenta porque esa continua lucha está destrozando su vida y su matrimonio. Su acusación es contundente: contra el ambiente en que se vive en España, donde vale todo, desde el instituto, «donde los profesores no controlan nada y los chicos fuman porros en el patio», a los amigos, «que la llevan por el mal camino», y la permisividad de otros padres.
Este caso guarda muchas similitudes con el conocido el pasado miércoles en Gijón, donde unos padres han pedido al Ayuntamiento el internamiento de la joven porque es ingobernable y agresiva. En este caso, la madre y su marido sólo reclaman ayuda y no internamiento; pero María Elena no duda en asegurar que estudia regresar a Colombia, su país de origen, «donde se puede educar mejor a los hijos sin que el ambiente exterior los estropee».
«Es imposible educar a una niña en el respeto, la tolerancia y el saber estar cuando una hija se vuelve rebelde y violenta, ayudada por un ambiente exterior que fomenta que beba, fume porros, llegue a casa de madrugada, me pegue porque no la dejo salir o duerma fuera de casa», asegura con cara de impotencia María Elena.
José Antonio Arias Berdasco apunta aún más allá: «Si roban es culpa de los padres, si cometen errores es culpa de los padres. Todo es responsabilidad de los padres y no nos dejan educar a los hijos. Todo es permisividad con los niños en el colegio, en los bares; la Policía no hace nada y al final se genera un problema como éste, que va a acabar con nosotros».
La madre pide ayuda al Principado, que ha puesto un asistente social para tratar a la niña, pero hasta la fecha no ha servido para nada. «Fue el miércoles al asistente social y el sábado siguiente volvió a hacer lo mismo de siempre», explica María Elena con un mirada triste, aún lejos del llanto, seguramente porque la tristeza ha dejado atrás los límites de la lágrima. Además, denuncia que los bares sirven alcohol a menores «e incluso los invitan a chupitos» y «la Policía no hace nada para evitarlo. De hecho, ya hemos denunciado a más de uno y no ha pasado nada, siguen haciéndolo».
La madre y su marido están seguros de que su hija necesita ayuda porque «mientras que no le prohíbas salir se comporta bien, en el colegio se comporta bien y tiene engañada a mucha gente, pero cuando le llevas la contraria se vuelve loca, rompe cosas, amenaza, insulta y me ha llegado a pegar en varias ocasiones».
Noche en vela
Para José Antonio, camionero de profesión, el problema es que la madre «está sola a la hora de poner orden en la niña, porque cuando yo intervengo la chica amenaza con denunciarme porque no soy su padre». «No puedo más, estoy muy cansado de lo que pasa. De camionero no se gana mucho, pero vamos tirando y si tengo que pasar hambre por la educación de las niñas, la paso, pero estoy hasta las narices de esto», añade.
La madre se casó hace unos años con José Antonio, que ha dado la nacionalidad española a dos de las hijas que María Elena tuvo anteriormente. Una tercera sigue en Colombia. Viven en un piso de Las Campas, limpio, coqueto. La niña problemática tiene 15 años, estudia en el Instituto de La Ería y desde hace tres años «es ingobernable, justo cuando dejó el colegio y pasó al instituto. Su único objetivo es salir con sus amigos y no le importa lo que le digamos, sólo quiere estar con sus amigos. Más de una vez me ha pegado por intentar impedírselo», señala la madre.
La adolescente, explican, era una niña normal que sacaba buenas notas en el colegio cuando estudiaba Primaria, pero en el Instituto de La Ería «las amigas y el entorno han podido con ella». «Llega a casa a la una de la madrugada muchos fines de semana cuando su hora de llegada son las nueve y media. Llega fumada de porros y bebida. A esa hora ya hemos llamado a la Policía, sin que consiguiesen encontrarla, aunque hay veces que me ha llamado la Policía para que la fuera a recoger. Cuando le digo algo se pone muy agresiva, incluso ha llegado a pegarme», explica la madre. Y añade: «Durante las últimas fiestas de Las Campas desapareció y no volvió hasta las nueve de la mañana. Cuando le pregunté dónde había estado me dijo que había dormido con un amigo en un trastero. Llamé al padre del chico y en vez de sorprenderse, se quedó tan tranquilo y me dijo que el chaval tenía allí una cama para sus cosas. No entiendo esa forma de educar a los hijos».
Después de tres años en el instituto «sus notas han bajado, aunque es muy inteligente», se pasa el día escuchando reggaetón y dibujando. «No hace su habitación ni ayuda en casa. De hecho, no limpia ni un cacharro y, si al final lo tiene que hacer, friega sólo lo que ella ha ensuciado y nada más».
La niña comenzó a frecuentar «malas compañías» hace tres años y desde el primer momento «le dije que no me gustaban sus amigas. Ahí empezó todo, son como una pandilla que se une y se ayuda y nos deja a los padres fuera de lugar», explica su madre. El matrimonio no aguanta más. Se ve impotente para contener a su hija y sólo le queda el recurso de los Servicios Sociales porque, si no, «me voy a Colombia con las niñas».
Pero bueno…Pobres calvos
Lo pedía ayer en este periódico el psiquiatra José Luis Pedreira Massa: la familia de la niña rebelde de La Calzada, uno de los barrios emblemáticos de este Gijón del alma, debe abandonar el ambiente mediático. Mensaje no recibido. Uno de los «realities» vespertinos más seguidos se olvidó ayer de famosos y famosillos y dedicó el programa íntegro al caso de la niña, con la madre en el estudio y la niña concediendo una entrevista a la cadena de televisión. De espalda, porque tiene trece años e igual despierta el fiscal de menores. La niña afirma que no quiere vivir en casa «porque está el calvo», el esposo de su madre. Pobres calvos. No se puede llamar a nadie gordo, salvo que se caiga en el acoso, pero a los calvos que los parta un rayo. La madre confiesa que la niña de trece años regresó a casa a las cuatro de la mañana, empapada de agua. Le dio un Cola Cao y hablaron. Con calvos o sin ellos, por favor, que alguien ponga coto al desmadre en que ha parado un asunto íntimo.
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EL GRAN PELIGRO DEL TE DE COCA — por Andrés Voy a confesar algo: a principios de este año consumí coca. Para ser más preciso, bebí té de coca.
Sucedió en la provincia argentina de Salta, en la frontera con Bolivia, después de cenar con funcionarios estatales en un restaurante repleto de turistas. Después del postre el mesero nos ofreció un té digestivo. Mientras lo tomaba alegremente me informaron que era té de coca y que es tan legal y socialmente aceptado en la región andina como la manzanilla en Estados Unidos.
Les cuento porque algunos países de Sudamérica, encabezados por Bolivia y con el apoyo de Venezuela, lanzaron una campaña internacional para levantar una prohibición de la ONU en 1961 sobre la exportación de hoja de coca. Si no se hace bien, esta campaña podría complicar las relaciones de varios países con Estados Unidos y la Unión Europea, y se podría convertir en una de la mayores fuentes de tensión en el continente.
Evo Morales, el líder cocalero que asumió la presidencia de Bolivia el 22 de enero, ha prometido cultivar más coca para uso legal. Según dice, la coca es una planta medicinal y no debe confundirse con la cocaína.
Morales quiere que su país exporte té de coca, jabón de coca y hasta pasta de dientes de coca. Su lema es: "Coca, sí; cocaína, no''.
La semana pasada, durante la toma de posesión de la presidenta Michelle Bachelet en Chile, Morales le obsequio a la secretaria de Estado Condoleezza Rice un charango decorado con hojas de coca. Según reportes de prensa, Rice no lo trajo al país porque la hoja de coca es una sustancia controlada en Estados Unidos.
Pero la campaña a favor de la coca está en plena marcha.
El canciller boliviano David Choquehuanca propuso hace poco reemplazar el vaso diario de leche en las escuelas por un té de coca. ''Nuestros niños necesitan calcio, y las hojas de coca tienen más calcio que la leche'', dijo Choquehuanca en el Congreso.
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, propuso la semana pasada que los venezolanos coman pan hecho de la harina de coca.
En Perú, el candidato presidencial Ollanta Humala, aliado de Chávez y Morales, ha prometido distribuir pan de coca con el desayuno escolar.
Pero Estados Unidos y Europa están nerviosos porque calculan que sólo la mitad de la producción de coca en Bolivia se usa en productos legales.
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