La escasez de nieve obliga a extremar precauciones
A muchos les resultará difícil de creer que, con las temperaturas que se están registrando durante este fin de semana, dos de las estaciones invernales de la provincia de León y su entorno sigan abriendo sus pistas al público.
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| Pista La Travesía, en Cebolledo, ayer sábado 1 de marzo. |
En San Isidro, en concreto, algunos ya piensan en los poderes del santo. Durante esta semana llovió con intensidad durante un par de días y, a pesar de ello, a pesar de que en prácticamente ningún otro punto de la montaña hay nieve, en las pistas aún se puede esquiar. Dos kilómetros de superficie total dispuesta para la práctica de este deporte es lo que sigue manteniendo esta estación, lo que la convierte en la que más cantidad de pistas mantiene abiertas de toda la Cordillera Cantábrica, algo que, a pesar de que aún no se hayan estrenado las zonas ni de Requejines ni de Cebolledo, se ha cumplido durante toda esta temporada.
El paisaje que presenta a estas alturas del año San Isidro es completamente desolador. Bajo el telesilla, piedra. A los lados de las pistas piedras. Huele a hierba como en la primavera. A pesar de ello, son muchos los esquiadores que cada fin de semana se personan en la estación leonesa, del mismo modo que durante los días de diario sigue habiendo cursillos de escolares que por lo menos tienen la cantidad de nieve suficiente para dar sus primeros pasos en el mundo del esquí.
Entre las razones para que la nieve resista a pesar de la altas temperaturas (para hoy se esperan, por ejemplo, cerca de 14 grados) se debe destacar que, obviamente, toda la nieve que hay en las pistas es artificial, que por sus características resiste mejor las altas temperaturas e incluso la lluvia que la nieve natural. Pero, sobre todo, lo que hay que destacar es el trabajo y la organización de los operarios de la Diputación Provincial que trabajan en San Isidro, que se han esforzado al máximo para aprovechar toda la nieve caída y la fabricada por los cañones, transportándola en camiones e incluso con palas y carretillos durante toda la temporada pero especialmente durante la última semana para permitir que se puede completar toda la travesía de Cebolledo esquiando y también que la zona de debutantes de Requejines siga abierta al público. Con todo ello se puede decir que, a pesar de ser una temporada nefasta, se ha salvado parcialmente.
«Es la peor temporada que recuerdo en los últimos 10 años»
Es tiempo para los auténticos aficionados, los que desean esquiar por malas que sean las condiciones, y esos son los que ayer, en torno a un millar, acudieron a San Isidro. Entre ellos, como es lógico, los había veteranos, y los comentarios giraban en torno a la mala suerte que este año se está produciendo en cuanto a precipitaciones. José Antonio Valcuende, asturiano, afirmaba ayer que «es la peor temporada que recuerdo en los últimos 10 años. La anterior fue mala pero al final se solucionó, pero ésta es sin duda la peor en lo que llevamos de siglo».
Otros aficionados lo querían ver de forma más optimista y aseguraban que, como suele ocurrir cuando las grandes nevadas se retrasan, éstas llegarán ya casi entrada la primavera. «Aunque la nieve que pueda caer a partir de ahora no dura demasiado y no es de buena calidad para esquiar», matizaba otro de los aficionados. En cualquier caso, y a pesar de la triste situación, lo cierto es que cabe lugar para la esperanza, puesto que la estación meteorológica de San Isidro anuncia nevadas de diez centímetros de espesor para el lunes o el martes.
Riesgo de lesiones por la humedad de la nieve
Otro de los condicionantes que el esquiador debe tener en cuenta ante la escasez de nieve y, sobre todo, ante la calidad de ésta, es el riesgo de las posibles lesiones que, por desgracia, siempre van ligadas a este deporte. La calidad de la nieve es húmeda o muy húmeda, por lo que los usuarios deberán extremar las precauciones puesto que deslizándose por este tipo de superficie es mucho más fácil que las rodillas de los esquiadores resulten especialmente castigadas.
A ello habría que unir el hecho de que, obviamente, con tan poca nieve, las piedras suponen un evidente peligro, ya que si no se encuentran por las pistas gracias a los trabajos de los operarios de la estación, sí que están justo en el límite de las pistas, por lo que salirse de ellas supondría poco menos que un suicidio. A pesar de ello, los dos kilómetros de pistas abiertas al público en San Isidro y los 300 metros de Valgrande Pajares están perfectamente balizadas.
Fuente: La Crónica de León
David Rubio













