Editorial | San Isidro ante el viento: ¿cerrar todo o saber abrir?
- Sergi Molina
Estos días está nevando en la estación de San Isidro. No hablamos de una gran nevada histórica ni de un temporal extremo: en torno a 15–20 cm de nieve nueva, acompañados de algo de viento. Una situación invernal relativamente habitual. Sin embargo, una vez más, la respuesta ha sido el cierre total de la estación.
La explicación oficial vuelve a ser la misma: viento y seguridad en los remontes. Y es cierto que la seguridad debe ser siempre prioritaria. Nadie discute eso. Lo que sí resulta legítimo plantear es si, en determinadas situaciones, existe margen para aplicar soluciones intermedias que permitan mantener parte de la actividad sin comprometer la seguridad.
En la mayoría de estaciones consolidadas —en España, en Europa y fuera de ella—, cuando se dan condiciones de este tipo, no se opta automáticamente por el cierre total, sino por una gestión sectorizada: se cierran los remontes más expuestos, se acotan zonas, se limitan servicios… pero se mantiene abierta alguna parte del dominio para que quienes ya están en destino puedan esquiar y disfrutar, aunque sea de forma parcial.
San Isidro, en cambio, suele optar por una decisión global. Una elección que, siendo comprensible desde la prudencia, también abre el debate sobre si en algunos casos podría estudiarse una operativa más flexible, apoyada en infraestructuras y planificación adaptadas a este tipo de escenarios.
Infraestructuras que invitan a otra lectura
Resulta difícil de entender que, con una estación completamente cerrada, ni siquiera se plantee la apertura de las cintas de debutantes de Cebolledo. Se trata de una zona:
- De acceso directo, sin necesidad de telesillas.
- Pensada para principiantes y familias.
- Con cinta cubierta, precisamente diseñada para proteger al usuario de condiciones meteorológicas adversas.
Salvo causa técnica concreta —que no se ha comunicado—, parece razonable pensar que estas instalaciones podrían, en determinadas circunstancias, ofrecer un servicio mínimo, seguro y muy demandado.
Algo similar ocurre con otras áreas de la estación. Es cierto que zonas como Salencias requieren mayores espesores y que probablemente ahora no cuenten con nieve suficiente. Pero incluso ahí cabe la reflexión: analizar cada espacio de forma individualizada, valorar su orientación, exposición al viento y posibilidades técnicas, puede ayudar a tomar decisiones más ajustadas a la realidad de cada momento.
Inversión y modernización como parte de la solución
Este debate lleva inevitablemente a una cuestión de fondo: la necesidad de seguir invirtiendo en la modernización de la estación. La renovación de remontes, la mejora de infraestructuras y, especialmente, la creación y acondicionamiento de zonas seguras son claves para poder operar, al menos de forma parcial, en condiciones meteorológicas adversas.
Las estaciones que hoy logran mantener actividad en días complicados no lo hacen por asumir más riesgos, sino porque han planificado e invertido pensando en estos escenarios: remontes menos expuestos, áreas protegidas para debutantes, circuitos de baja cota, accesos independientes y una gestión más versátil del dominio.
En este sentido, apostar por la modernización no solo mejora la experiencia del esquiador, sino que refuerza la seguridad, la fiabilidad del servicio y la estabilidad económica del entorno que vive de la estación.
El impacto va más allá de las pistas
Cada cierre total no afecta solo al esquiador que mira el parte desde casa. Afecta, sobre todo, a quienes ya han invertido tiempo y dinero para estar en la estación: alojamiento, restauración, alquiler de material, escuelas de esquí, comercios locales. Negocios que, ante un cierre inesperado, se ven obligados a cancelar servicios, devolver importes y asumir pérdidas.
Además, la imagen que se proyecta hacia el exterior es un factor a tener en cuenta. La regularidad en la apertura, aunque sea parcial, genera confianza y ayuda a que el usuario entienda mejor qué puede esperar de la estación en situaciones meteorológicas complejas.
Una reflexión abierta
La seguridad debe seguir siendo el pilar fundamental de cualquier decisión. Al mismo tiempo, el análisis pausado de cada episodio, la experiencia acumulada y las infraestructuras disponibles pueden abrir la puerta a fórmulas que compatibilicen prudencia y servicio.
San Isidro cuenta con margen de mejora, como cualquier estación de montaña, y también con el potencial que ofrecen nuevas inversiones orientadas a la modernización y a la creación de espacios operativos más resilientes. Reflexionar sobre ello, compartirlo y explicarlo con claridad solo puede contribuir a fortalecer la estación, su entorno y la confianza de quienes la visitan.
El invierno es cambiante por naturaleza. Afrontarlo con planificación, inversión y una mirada abierta es, probablemente, el mejor camino para seguir avanzando.












