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El Esquí Nórdico y su práctica en la Cordillera Cantábrica

Escrito por Cablehead. Archivado en Reportajes
Esquí Nórdico en Peter Lougheed Park (Canadá).
Foto: OldDogNewTrick (Flickr).

Hablar de esquí nórdico en nuestro país empieza a no ser un disparate; ahí están recientes victorias deportivas de "españoles" de origen teutón, alguna "martxa" famosilla y varias estaciones pirenaicas dedicadas exclusivamente a tan esforzado deporte. La trayectoria del deporte en España es larga pero francamente desconocida. A nivel popular totalmente eclipsada por el charme del esquí ancho, la macroestación con arrastres y el atuendo de marca espectacular y carísimo.

Hablar del esquí nórdico en la Cantábrica es como recoger agua en una cesta, al final solo quedan unas pocas gotas agarradas entre los mimbres. Gotas que serían algunas pocas glorias del pasado en una estación astur, su raquítico recorrido de fondo y, eso sí, la afición y empeño de algunos por sacar unos pocos guajes que sigan en la brecha.

Pinto el panorama desolador porque honestamente lo veo así. Es más...lo he vivido así desde que en 1985 compré mi primer par de esquís. Eran de la marca del oso, con una cámara (curvatura de espátula a cola) indomable y longitud “extra” para mi estatura. Con unas botas dos números mayores...pero es que no había otro equipo que adquirir en León....comprado en una extinta armería de la ciudad.

Desde ese año hasta el ’98 fue el único deporte de nieve que practiqué y puedo decir que en lamentables condiciones. Nuestra estación de San Isidro carecía de circuito y en los años que subí apenas creo haber encontrado diez esquiadores. Una de la veces que se preparó una marcha popular solo aparecimos el organizador, una señora de unos sesenta años, mi mujer y yo....la marcha se canceló pero dimos algunos lingotazos memorables a un rosado de los Oteros que estaba de muerte.

Pajares era otra cosa....más gente practicando, una mini pista de uso compartido con caminantes y aficionados al trineo y a la bolsa de plástico, alguna conversación con una vieja gloria que había bajado con sus tablas estrechas hasta Viadangos, y en los últimos años gente entrenando y peñas de chavales haciendo cantera.

Lo bueno de todo esto, unido también a una cuestión de temperamento que me hacía huir de las estaciones, estuvo en el descubrimiento del esquí nórdico en su estado más genuíno....el esquí fuera de toda huella, lejos de gente y follones, solo o escasamente acompañado, con todo el monte (bueno no todo, de eso hablaremos más adelante) para uno, desde la Venta de la Tuerta hasta Las Señales y San Glorio, incluso el Paseo de Salamanca y la Condesa. No hace demasiados años a esto se le dio el nombre mucho más eufónico –por lo americano- de Backcountry.

A estas alturas y siendo medianamente listo uno se da cuenta de que la cosa no es para tirar cohetes y que más que apología parece que vengo a desmitificar el asunto. Pues tenéis razón. No deseo desanimar, solo ser tan realista como me sea posible.

El esquí nórdico como disciplina, como deporte, también ha variado mucho; debido en parte a las nuevas tecnologías y materiales que abrieron paso, a su vez, a nuevas técnicas. Nace así la técnica del paso de patinador que exige tablas y botas diferentes y que se aleja bastante de la filosofía “tranquila” de lo que había sido el esquí de fondo, con su paso clásico, digamos que natural.

El esquí de fondo exige forma física y proporciona forma física pero las nuevas técnicas exigen una condición especial no apta para todo el mundo, así como unas pistas especialmente preparadas y creo que también una filosofía y mentalidad deportiva diferente a la que había existido hasta entonces en este deporte. Yo creo que se vuelve más exigente.

La salvación o parte positiva está en el redescubrimiento de una forma de esquiar ya antigua, existente, pero en cierto modo olvidada; la forma y motivación primigenia del esquí. Esto es, el simple desplazamiento por la nieve con esquís, ahora realizado por el mero placer de deslizarse.

Pista con huella para Esquí Nórdico clásico.
Foto: a4gpa (Flickr).

Lo que nos lleva a lo que realmente me interesa contar de esta forma de esquiar. Antes de seguir debo decir que el fondo como deporte de competición, entre comillas, así, circunscrito a un entorno cerrado, acotado, balizado y demás no es posible en la cordillera Cantábrica por la absoluta falta de instalaciones y recorridos. No así en otras partes de la península como son los Pirineos que cuentan con “estaciones” ad hoc para la práctica de este deporte. Llanos del Hospital, San Joan de Lerm o Tuixent son algunas muestras. Amén de los recorridos marcados en Candanchú o el celebérrimo de Baqueira Beret, famoso además por ser donde “corre” Aznar. Eso sí...lo hace de pena! (sic).

Si alguien se dedica a buscar Backcountry en la red se dará de morros con montones de páginas que nada tienen que ver con lo que aquí entendemos por la manera de esquiar fuera de pista con esquís estrechos. Es simple. Para los americanos Backcountry es el terreno alejado de la civilización, la cancha de juego de la práctica deportiva, lo mismo estival que invernal, independiente del instrumento utilizado. Esto es....backcountry es un terreno no una práctica deportiva. Su backcountry skiing lo mismo puede realizarse con material ligero de fondo, que con el más pesado de travesía, telemark...etc. La traducción más acertada para nosotros de tal palabra sería montaña...sin más...como cuando decimos “me voy de monte” o “me voy a esquiar al monte”. Dicho así todo el mundo da por hecho que te vas “lejos de los medios mecánicos”.

Pero en España el Backcountry (BC) llega como deporte específico, con material altamente diferenciado. Lo hace de la mano de ciertas firmas y a raíz casi de la instauración de la NNN (New Nordic Norm) que deja de lado las fijaciones de cepo y da paso a conjuntos de fijación y bota diferentes a lo anterior. Son los años de Salomón y su SNN y botas como las Greenlands, los esquís Europa de Fischer, los Morotto de cantos metálicos, las botas Alpina, etc. Solo son algunos ejemplos de lo que se veía –raramente- en nuestras tiendas.

Pero en realidad, ¿que es todo ese tipo de esquí y cuales son sus características?. Vamos a ello.

Es esencialmente el esquí de fondo de toda la vida con nuevos materiales. En cuanto a las tablas comienzan a hacerse algo más anchas que las de fondo, se pasa de los 45 ó 50 mm de patín a casi los 60, incluso algo más. Estas tablas suelen tener menos cámara que las dedicadas a la competición y en las suelas aparecen utilidades antideslizantes para evitar el retroceso al ascender. Bien sean pequeñas incrustaciones de material tipo piel de foca, antideslizantes de tipo químico o muescas tipo escamas de pez como el archifamoso sistema crown de Fischer.

Esto hace que no sea necesario el encerado de las suelas, ni poner pieles de foca, que el esquí sea más polivalente y el equipo más simple. Se pierde, no obstante, calidad de deslizamiento y maniobrabilidad, pero debe entenderse que no son tablas alpinas y exigen cierta modificación de la técnica de descenso. Aparecen también los esquís estrechos con cantos metálicos en toda su longitud o en parte, que dan mejor agarre en ascensiones y mejor conducción en bajadas.

Las botas ya no son esa especie de zapatillas de atletismo del esqui de fondo ni la bota rígida del alpino. Son más bien botas de montaña de diferentes alturas de caña y rigidez que se adaptan también a diferentes exigencias del BC. Desde las dedicadas al simple paseo a las más rígidas para terrenos más comprometidos. Las fijaciones pasan a ser casi exclusivamente NNN que consisten en una especie de leva que atrapa un eje insertado en la puntera de la bota y que permite el balanceo longitudinal del esquí al avanzar. Asimismo va acompañado con algún sistema de muescas/carriles entre bota y fijación para impedir el desplazamiento lateral de la bota sobre el esquí en la conducción del mismo.

Los bastones que se utilizan son los mismo que los utilizados en el esquí de fondo tradicional; de altura hasta las axilas. El resto del equipo sería el normal para cualquier salida a la montaña invernal y dependerá del recorrido, tiempo, y exigencias de cada uno. Esta claro que no será igual para un paseo con los niños y el perro que para una travesía nórdica de varios días por terreno exigente.

Foto: Espen Lodden (Flickr).

Y aquí es donde la matan a ella. El terreno. Y donde surge el problema y mi escepticismo sobre la posibilidad o no de su práctica en la Cantábrica. Mientras que la práctica del esquí nórdico en los países de origen cuenta con un terreno de juego donde priman las colinas más o menos suaves, los bosques transitables y las extensas planicies, en la Cordillera Cantábrica el terreno es mucho más abrupto, subidas y bajadas en general más pindias y bosque más inextricables y tupidos, faltan además las grandes extensiones casi planas.

El otro gran problema viene no solo de la orografía sino de la climatología asociada. Me explico. Mientras que esos países encuentras nevadas “frías y secas” que dan una nieve ideal a cotas próximas al nivel del mar e incluso en sus proximidades y donde el frio continuo se encarga de hacer una nieve cojonuda, en nuestra cordillera, su propia situación (latitud) y la proximidad al mar favorecen nevadas “más húmedas” incluso mientras están cayendo. Las condiciones de temperatura extremas entre las primeras y las centrales horas del día provocan ciclos de hielo/deshielo de la nieve continuos que crean unas condiciones de tránsito por ella casi penosa. Nieves heladas a primera hora y muy transformada y húmeda a mediodía. En esta nieve el agarre y conducción se hace muy difícil con un esquí estrecho y sin cantos llevado con una bota relativamente blanda.

Además, el terreno más suave se encuentra a altitudes muy bajas donde la nieve se da solo recién caída, y apenas unos pocos días. Para encontrar nieve tienes que subir en altura donde el terreno se vuelve escarpado y exigente. Por debajo de 1600 m. se encuentra el terreno bueno pero sin nieve. Por encima...la nieve sobre terreno difícil para el esquí nórdico...en general.

Estas son las dificultades principales que le veo, por tanto, a la práctica deportiva del esquí nórdico en nuestras montañas.

Otra cosa es que con empeño se pueda hacer, claro que se hace. Hay muchos sitios como el puerto de Las Señales, la Vega de Tarna en San Glorio con buenas condiciones pero no demasiado extensas. Multitud de vallecillos como los que salen de Sani hacía el noreste y bosquetes curiosos en las proximidades de Cofiñal o Riosol, pero desengañémonos, no tantos!!!

Ahora, eso sí, como experiencia, un día de marcha con buenos amigos o familia, hijos y perros, en un grupo salado es toda una experiencia....y si lo acompañamos de buenos lingotazos, en las paradas, de cava en bota de cuero (sí, la famosa bota de vino) pues el día redondo. Porque el esquí nórdico es asequible a cualquier edad y condición física y los beneficios son innegables.

Y a diferencia del esquí en estación uno siempre puede darse un paseo por los alrededores de las ciudades o por sus parques después de una nevadina. Ahorras gasolina y forfait!!!!!...así que a pesar de todo lo dicho....ANIMO!!!!!

Reportaje elaborado por Enrique Ortega (Cablehead), fondista y telemarker habitual de San Isidro.
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