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Telemark: Arrodíllate y siente el vértigo blanco del powder

Escrito por Cablehead. Archivado en Reportajes
Freeride en Telemark.
Foto: SteinarF (Flickr).

La espalda y el culo se te están quedando fríos después de varias paradas del remonte en mitad de la tormenta de aguanieve, y esas gotas que se escurren de la percha de la silla, sobre tu cabeza, parecen empeñadas en hacer un agujero en el goretex de la capucha, ...plin...plon..siempre en el mismo sitio...plon.

Intentas evadirte de este rato muerto observando cómo van saliendo, poco a poco, de entre la niebla, los escasos locos que como tú están decididos a no perderse un solo día de esquí... por malo que sea; a fín de cuentas el peor día de esquí es mejor que el mejor de los días de trabajo... y tú, eso, ya hace mucho que lo sabes.

Algo llama de pronto tu atención. Ese esquiador que sale de la bruma... ¿qué hace?. Sube, ...baja, vuelve a subir.... A medida que se acerca vas viendo que parece andar cuesta abajo más que dejarse deslizar,..adelanta un pié, se arrodilla!!!!, ...luego el otro... Al pasar por debajo de tu silla va haciendo unos virajes largos, muy conducidos; el cuerpo recogido, como agazapado, en un permanente estado de equilibrio; las manos adelantadas y los bastones casi arrastrándose por la nieve, donde levantan una nubecilla cada vez que la tocan.

Pero sobre todo te sorprende la forma en que los talones se separan de las tablas, que forman una especie de esquí único y largo, y esas rodillas ...ouuuuuchhhh... a veces bajan tanto que parece vayan a tocar la nieve o los esquís. Apenas has tenido tiempo de girar la cabeza y ya lo has perdido de vista engullido por la niebla. Asombrado, no puedes menos que exclamar: ...¡pero eso, ¿qué era? ...¡Telemark!... te responde una voz desde el exterior de tu capucha.

Vuelves la cabeza hacia ella, te cae la maldita gota de la percha en la cara, y mientras escudriñas al dueño de tan extraño vocablo adviertes dos cosas que te chocan: sus esquís rojos cuelgan sobre el abismo de la silla unidos solamente por un cable a la puntera de sus botas y, en sus labios permanece el rictus de una sonrisa como estólida, ensimismada, ...¿feliz?.

Hagamos un poco de historia. Oficialmente el Telemark nace, como forma "recreativa" de esquiar en 1868, cuando Sondre Norheim, un lugareño de Morgedal, en la región noruega de Telemark, asombra a sus paisanos en los juegos de Iverslokken tomando tierra después de sus saltos en una original manera que consiste en caer semiarrodillado. Parece ser que tal forma de aterrizar y girar empezó a causar furor entre aquellos "esquiadores", que, por cierto, usaban tablas -nunca mejor dicho- de alrededor de 3 metros.

Aunque muchos apóstoles del telemark se empeñan en atestiguar la mayor antigüedad del viraje telemark sobre otros, como el cristiania, lo cierto es que ambos son coetáneos o algo así como primos, procedentes de diversas regiones y nacidos de la necesidad de girar en tipos de nieve diferentes. De lo que no cabe ninguna duda es de que el viraje telemark se extendió por toda Europa y América y durante muchos años fué la técnica dominante hasta que en los Alpes y de la mano de Zdarsky, entre otros, nació lo que se conoce como técnica alpina, quedando el telemark reducido a los vastos espacios nórdicos, donde podriamos decir era "la manera de esquiar".

Haciendo Telemark en el Mt. Hood.
Foto: halle (Flickr).

Quiere la historia, o la leyenda, que el redescubrimiento "moderno" del telemark tenga lugar en los Estados Unidos a comienzos de los años setenta. Un grupo de monitores de esquí nórdico de Crested Butte, hastiados en cierto modo de las convencionalidades y masificación del esquí alpino, movidos por los aires hippies que soplaban e inspirados por las fotografías de algún antiguo manual de esquí deciden recrear el tipo de giro que se muestraba en ellas.... y lo consiguen!.

La paternidad de la criatura recae sobre Rick Borkovich (bueno, tampoco está la cosa tan clara) y comienza la leyenda del telemark moderno que todos los que lo practicamos nos sabemos de pé a pá.

Pero vayamos al turrón... y por partes. Telemark es varias cosas. Primero es una forma de giro, segundo define una actividad deportiva invernal que involucra un material específico. De aquí y hacia adelante puede ser para muchos una moda, una forma de vida o una religión. Material y técnica en esta disciplina están tan unidos que se afectan mutuamente.

Como técnica, el viraje telemark consiste en tomar los giros con el pié exterior, el del valle, en posición adelantada sobre el interior, el del monte, que permanece retrasado. Esto se hace por medio de una genuflexión (o flexión de las rodillas) más o menos acusada de la pierna del monte que sólo es posible con la liberación de los talones. Basicamente se parece mucho a caminar o correr cuesta abajo con esquís.

Los más finos dicen -decimos- que es como una especie de ballet (sic). El telemark básico se aprende desde una posición inicial de stemm pero sin llevar el esquí interior a la altura del exterior para cerrar el viraje. La mecánica es la misma de la socorrida cuña pero con esquí interior retrasado.

Este es un telemark de dos tiempos usado solamente para el aprendizaje o condiciones de nieve muy difíciles, como por ejemplo nieve costra muy pesada, donde el esquí adelantado hace las veces de rompehielos. El telemark que realmente se usa es muy parecido al viraje paralelo, con sus fases de carga - descarga - transferencia de peso, sus transiciones de cantos, casi su misma posición de cuerpo y manos... pero con el esquí interior a la curva siempre retrasado y con un reparto de pesos entre piés lo más próximo posibe al 50/50. Esto último es fundamental para un correcto y efectivo giro telemark.

Respecto al material, las antiguas botas de cuero, esquís estrechos y las rottefella de cepo han dado paso a modernas y potentes botas de plástico (Scarpa, Garmont y Crispi) que se parecen más a las de alpino que a los originales borceguíes de fondo, al uso masivo de fijaciones de cable (Chilis, G3, Voilè o Rainey) o las más modernas con sistemas automáticos de step-in (Linken, 7tm), e incluso con sofisticados sistemas de liberación en caso de caida (Fritschi Skyhoy).

Foto: Thomas Kirkevag (Flickr).

La revolución de las botas de plástico a comienzos de los '90, fue seguida por la pronta adopción de todo tipo de esquís carving o freeride (Bandits, X-Screams, Beta Races son realmente codiciados) o específicos de telemark (Tua, K2, BD), lo que ha llevado consigo, también, una segunda revolución en cuanto a la técnica del telemark. Es el llamado "freeheeling" o también "new school". La nueva técnica está más próxima al viraje paralelo, que por cierto puede hacerse a la perfección con material de telemark y que la mayoria de los telemarkers hacen indistintamente.

La postura ya no es tan recogida ni la rodilla va tan baja, la transición de cantos es más rápida y la transmisión de la potencia a los esquís es mucho más efectiva de lo que resultan virajes mucho más ''''carveados''''. Los nuevos dioses del telemark van tan rápido como los alpiners, descienden las mismas pendientes, se presentan y ganan las mismas pruebas de freeride, cabalgan por los lomos de los half-pipes, saltan, hacen giros, loops, helis, y ya no se diferencian en nada del bro'''' de alpino o de snowboard. Y coexisten con aquellos que siguen buscando la soledad de los bosques y los montes, el goce de las palas vírgenes, el vértigo blanco del powder...

Al nivel del esquiador de la calle y como opinión personal. El telemark todavía permite un nuevo reto para el esquiador más allá de la técnica alpina. El telemark demanda " una cierta mejor forma física" y necesita de una mejor ejecución de la técnica para su verdadero disfrute, pero cualquier esquiador alpino de nivel medio es capaz de ponerse al día en dos mañanas.

Al final de la temporada pasada conocí a un excelente esquiador alpino en "Sani" que me pidió probar mi equipo de telemark. Cambiamos botas y tablas, cuatro nociones básicas y el hombre iba como un tiro al final de la primera bajada. Insistió en repetir y en la segunda vuelta iba como un maestro mientras yo me sentía atado a aquellos extraños instrumentos de torturar piernas. Muchos le conoceis, tendríais que haberle visto la cara de satisfacción.

Para mí, por último y lejos de intentar hacer apología de la cosa del talón libre, el telemark es "la sensación", el estar en permanente equilibrio gobernando el giro desde el comienzo hasta el final en lugar de dejar que el esquí haga todo el trabajo. Sí, sí que es como una danza sobre la barra de equilibrio, un baile antiguo, noble y elegante y, .....yo lo amo.

Reportaje elaborado por Enrique Ortega (Cablehead), telemarker habitual de San Isidro.
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