Reyero, junto al Pantano del Porma.
Reyero, junto al Pantano del Porma.

La Comarca del Alto Porma hunde sus raíces en cuanto a la presencia humana en la cultura castreña. La prueba de esta presencia está suficientemente avalada con el hallazgo de calzadas y puentes salpicados de abundantes epigrafías romanas que delatan el paso de las legiones del Imperio. Iglesias prerrománicas con el sello de la cultura mozárabe que no logró resistirse al duro invierno de estas montañas en su afán por conquistar la península.

Los torreones medievales, hachas de bronce y numerosos utensilios de uso común encontrados en los asentamientos tribales son el exponente de una cultura añeja que ha forjado día a día el carácter y el estilo de sus gentes para moldearlas en las virtudes de la hospitalidad y el buen acogimiento.

Pero la riqueza de la montaña leonesa y de sus extraordinarios parajes se extiende igualmente en las cercanías de la Comarca del Alto Porma, haciendo que el visitante planifique su tiempo para visitar las incomparables Cuevas de Valporquero o dirigirse hacia la montaña de Riaño y así adentrarse de lleno en el Parque Nacional de Picos de Europa.

Descubre desde aquí los alrededores de la Estación Invernal de San Isidro y no dejes de visitarlos en cualquier época del año.

Puebla de Lillo

Torreón medieval de Puebla de Lillo.
Torreón medieval de Puebla de Lillo.

El antiguo poblamiento medieval de Lilium, así denominado en lengua romance temprana por la abundancia de lirios o flor de lis, ocupa un espacio natural, dentro del conjunto montañés, que ha gozado de un permanente tirón entre los amantes del aire libre y las actividades específicas de Alta Montaña.

A tan solo 15 km de San Isidro Puebla de Lillo ha sabido conservar las esencias que dieron origen a su pueblo, sin dejar por ello de actualizar su oferta turística tal y como exigen los tiempos modernos. Su adscripción a la reserva natural de Mampodre, y su reciente incorporación al Parque Regional de Picos de Europa, abren un amplio abanico de posibilidades para quienes tienen como referencia el disfrute de los espacios naturales.

Queda aún en Lillo una verdadera reliquia de los tiempos del medievo, un torreón de carácter defensivo, datado de la época de los Trastámara, que fue testigo de las intrigas familiares entre el Rey Enrique II y sus sobrinos, que terminaron con el destierro de éstos y la Carta de otorgamiento de la fortaleza y territorio adjunto en favor del poderoso Conde Luna.

El torreón, completamente restaurado en la actualidad, ha sido habilitado como Centro de Interpretación de la Naturaleza.

La presión turística de la numerosa colonia veraniega, tanto estable como ocasional, ha incentivado a las gentes de Puebla de Lillo y pueblos aledaños como Cofiñal, Isoba y Redipollos, a mantener una oferta digna y atractiva que supere los niveles convencionales del turismo tradicional. Restaurantes, campings, hoteles, casas rurales, piscinas y demás establecimientos hosteleros, tienen a bien sentirse anfitriones y estar al servicio de la clientela que prestigia con su presencia cada rincón de la zona.

Son dignos de mención los majestuosos bosques de Puebla de Lillo y en concreto su pinar, por ser prácticamente el único que se mantiene autóctono en España. Su antigüedad se escapa al cómputo de nuestros períodos históricos, pues para llegar a tener algún indicio fiable tendríamos que remontarnos a las datas geológicas asistidas por el rigor científico de serios estudios botánicos, como es el caso de los realizados por el profesor de la Universidad de León, Ángel Penas y el nativo Jaime Andrés, que han profundizado sobre el tema.

Las orillas del incipiente río Porma, que nace a pocos kilómentros arriba de este sugestivo enclave, recibe el beneficio de su estable humedad para atravesar el pinar exuberante de una variopinta vegetación en la que se mezcla el pino con el roble, el acebo, el serbal de los cazadores, el abedul, el álamo, las hayas o los helechos, y todo el conjunto tapizado por miriadas de aranderas que provocan al excursionista con sus minúsculos pero sabrosos frutos mientras el reclamo del urogallo se siente entre la maleza.

Cofiñal

Iglesia de Cofiñal.
Iglesia de Cofiñal.

A 15 Km de San Isidro y a tan solo dos de Puebla de Lillo se encuentra la villa de Cofiñal, la cual ha sabido mantener sus tradiciones ante la incipiente llegada de turistas en cualquier época del año. Numerosas rutas de montaña y travesías como Maraña-Cofiñal, Vegarada-San Isidro, Cofiñal-Lago Ausente, Cofiñal-Puerto de Tarna... pueden ser practicadas con la posibilidad de la realización de media ruta, previo concierto con taxis especializados matriculados en el municipio.

Es de gran peculiaridad su iglesia enclavada sobre una roca que se eleva junto a la carretera dominando todo el pueblo y los "forfogones", que así denominan las gentes de la zona a las pequeñas cascadas y saltos de agua que se forman al atravesar el río los desniveles de la montaña.

En Cofiñal existe asimismo un buen complejo hotelero, apartamentos con alquiler de bicicletas de montaña, restaurantes, un camping-caravaning, supermercado y la posibilidad de disfrutar de numerosas actividades de esquí y multiaventura organizadas por un grupo especializado.

La Villa de Boñar

Plaza del Negrillón en verano.
Plaza del Negrillón en verano.

El término municipal de Boñar, situado a menos de 40 km de San Isidro, es el centro de una gran extensión del noroeste de la Provincia de León, enclavado por las estribaciones de la Cordillera Cantábrica (Reserva Nacional de Mampodre).

Vertebrada en torno al río Porma, es Boñar una villa que nació de la repoblación que llevaron a cabo los reyes asturianos poco antes de trasladar la Corte a la ciudad de León.

El sustrato romano, visible en la epigrafía de la fuente de "La Calda", o en los basamentos del "Puente Viejo", que unía el valle del Porma con el del Curueño enlazando caminos en el puente de Valdepiélago, no han sido datos suficientes para creer en un asentamiento de Roma durante los largos siglos de la Dominación y la posterior Romanización.

El turista encuentra en Boñar un ambiente cosmopolita que discurre entre el sempiterno atractivo de "ir de vinos", al no menos atrayente "salir de copas", pasando por un extenso surtido de restaurantes con cartas para todos los gustos y bolsillos. Tras un día de esquí, y para los más atrevidos, la jornada puede rematarse en cualquiera de las discotecas que ambientan cumplidamente las noches de Boñar.

El invierno, tradicionalmente letárgico en la montaña, es ahora una de las épocas más movidas y gratificantes del año. La nieve, que fue siempre el impedimento insalvable que retenía a las gentes en casa, es hoy el señuelo y redención para las ingentes legiones de esquiadores que pululan por la villa de Boñar en sus paradas de ida y vuelta hacia y desde la Estación de San Isidro.
Los establecimientos hoteleros y hosteleros de la villa ofrecen también unos excelentes servicios de "Parada y Fonda" para colaborar con las cada año más frecuentes "Semanas Blancas", tan impuestas ya en el resto de Europa.

Es recomendable hacer un alto en la Villa de Boñar para visitar la Plaza del Negrillón, con el árbol que lleva ese mismo nombre y que data del s. XVI, y ver la torre con el reloj cedido por el marqués de Astorga en el s. XVII.

De aquí viene el famoso refrán que por tierras leonesas siempre ha rondado y que versa así; "Dos cosas tiene Boñar que no las tiene León, el maragato en la torre y en la plaza el Negrillón". Tal vez se olvidó su autor de incluir la deliciosa empanada que en sus panaderías se puede degustar y que tan bien sienta como merienda tras un maravilloso día en la montaña.

Lagos glaciares

Vista del lago de Isoba.
Vista del lago de Isoba.

Es la Comarca del Alto Porma una zona de eminente origen glaciar, y así lo demuestran sus valles y lagos. Ascendiendo por la carretera que nos conduce a San Isidro y poco antes de llegar al pueblo de Isoba, nos encontramos a nuestra derecha con el lago que lleva el mismo nombre.

El lago de Isoba nos sorprende en el periodo invernal con sus aguas totalmente cubiertas de nieve y hielo, lo cual hace adivinar la temperatura que a primera hora del día reina en las proximidades del centro invernal.

A los pies del lago se han habilitado un refugio y una choza autóctona para cobijo de los numerosos montañeros que transitan desde los valles de la Reserva de Mampodre a los de Picos de Europa y viceversa. Es un buen lugar para disfrutar si el tiempo lo permite, del sol y la nieve después de una jornada de esquí.

Desde las instalaciones de la Estación Invernal de San Isidro está perfectamente señalizado el acceso al Lago Ausente, al que si bien se puede casi llegar en vehículos todo terreno, es recomendable hacer el camino a pié o en bicicleta de montaña para disfrutar de la belleza de la zona. Se trata de un lago glaciar cuya panorámica ha sido reflejada por los mejores pintores, fotógrafos y amantes de la Naturaleza en general. Su eterno misterio ha dado lugar a leyendas lugareñas de gran ingenuidad, pero llenas de ese expresivo mensaje que se transmite desde la sencillez del pueblo llano.

Una de esas leyendas cuenta la historia de un poblado enclavado entre montañas en el que vivía una señora muy avara y egoísta. Los vecinos de la villa, hartos de soportar las manías de la anciana, se vieron obligados a abandonarlo dejándola allisola ante las inclemencias de la montaña. Un buen día, una tormenta de nieve sorprendió a la anciana sin que le diese tiempo de huir, y el pueblo quedó sepultado en el fondo de la montaña. Dicen todavía las gentes de los alrededores que en las frías y estrelladas noches de invierno se pueden escuchar los llantos de la anciana que vivirá para siempre en las profundidades de las aguas del Ausente.

Si se visita el lago y se tiene tiempo, no estaría de más subir por la cornisa de la montaña más cercana a la entrada para coronar el Pico Requejines, de más de 2000 m, y disfrutar de las maravillosas vistas de la estación y de la curiosa silueta del lago que refleja una niña con dos "moños" a ambos lados de su cara.

Pantanos del Porma y Riaño

Atardecer en el embarcadero del Pantano del Porma.
Atardecer en el embarcadero del Pantano del Porma.

A menos de 25 Km de la Estación Invernal de San Isidro y a tan solo 10 de Boñar se encuentra el Pantano del Porma o de Vegamian que retiene grandes cantidades de agua no solo para abastecer del básico elemento a las gentes de la provincia sino también para la práctica de numerosos deportes náuticos, los cuales gracias a las corrientes de aire que entre sus montañas fluyen, se ven beneficiados y convierten a este embalse en uno de los mejores lugares para practicar cualquier modalidad de vela en aguas no marítimas.

A lo largo de los casi 15 Km que recorre la carretera paralela al pantano, el turista puede pararse y disfrutar de un paisaje artificial pero de incomparable belleza, alternando el festival de luz y color con un relajante paseo en barca desde el varadero de Lodares hasta el antiguo pueblo de Utrero, en vías de recuperación para el turismo de aventura.

Los alrededores de San Isidro aumentan en belleza, si cabe, cuando una vez llegados a Puebla de Lillo, nos adentramos por la carretera de Cofiñal en dirección al puerto de Las Señales y Tarna. Aunque si bien es cierto que al llegar a éste el viajero se encuentra ya en una comarca distinta a la del Alto Porma, la curiosidad por conocer la majestuosidad de esta zona de la montaña leonesa nos conduce al comienzo del "Parque Nacional de Picos de Europa".

Desde el puerto de Tarna, y todavía en la Provincia de León, podemos continuar camino hacia Burón y Riaño, localidad esta última que cuenta igualmente con un inmenso atractivo turístico debido a su pantano y a su reconocido Club Náutico. En el Embalse de Riaño, además de poder disfrutar de una gran variedad de deportes acuáticos tales como el Windsurf, Motos de agua, Esquí acuático, Vela ect...el turista podrá empaparse de la belleza de este lugar y recuperar fuerzas con una buena comida en cualquiera de sus impecables establecimientos hosteleros.

Cueva de Valporquero

Una de las salas de la Cueva de Valporquero.
Una de las salas de la Cueva de Valporquero.

La Cueva de Valporquero se encuentra situada en la zona norte de la provincia de León, a 46 kilómetros de la capital, en el ayuntamiento de Vegacervera cuyas hoces o desfiladero llevan su mismo nombre. La entrada más conocida del sistema se abre a escasos metros del pueblo de Valporquero del Torío y al encontrarse abierta al turismo su acceso está perfectamente habilitado.

Se puede llegar a la cueva desde la comarca del Alto Porma siguiendo una carretera que parte de los alrededores de Boñar en dirección a La Vecilla. No tiene pérdida porque está muy bien señalizado.

La belleza de esta cueva y su sencillo transitar hace de ella un punto obligado de visita para todos los que deseen pasar unos días en nuestra montaña.

Abierta entre los meses de marzo a diciembre, cuenta con una zona de más de un kilómetro de senda plagada de belleza subterránea con las famosas estalactitas y estalagmitas, la Sala de la Gran Cascada o la Sala de las Perlas.

Existe también una ruta alternativa en la Cueva de Valporquero se denomina "el curso de las aguas" y está especialmente recomendada para los grupos de espeleólogos curiosos por buscar más y más datos acerca de las diferentes etapas geológicas que con tanta facilidad se dejan ver en la que es una de las cuevas más grandes y espectaculares de España.